Abres los ojos

two woman black and white color

Un inmenso vacío se abre ante tus ojos. La negrura te rodea. Notas el roce de tus pestañas con la tela, y sientes que tienes los ojos vendados, levantas pesadamente las manos y las diriges hacia tus ojos.

Te retiras despacio la venda, casi como sino quisieras ver lo que hay detrás. Pero detrás no hay nada, no ves absolutamente nada, estas en algún lugar completamente a oscuras, no hay ni una sola rendija que deje pasar la luz, ni siquiera puedes adivinar qué forma tiene ese lugar o cuáles son sus dimensiones.

Nada, ni un haz de luz, ni una chispa, ni un solo destello, ni un solo ruido, el mundo parece haberse desvanecido a tu alrededor.

Pones tus manos frente a tus ojos, o eso crees, porque eres incapaz de verlas, te tocas la cara, notas que tus labios han sido impregnados con algo dulce y espeso que resulta de agradable sabor cuando pasas tu lengua por ellos, con miedo bajas tus manos y te tocas el pecho para adivinar que llevas puesto, llevas tan solo una camisa de hombre, te queda muy grande notas tus pechos bajo la tela de la camisa, y ves que no llevas sostén, bajas aún más las manos siguiendo la línea de botones, llegas a tu entrepierna y con tus manos no tas que llevas un minúsculo tanga liso de algodón que apenas tapa nada. Pero hay algo que te desconcierta y no te atreves a creer, con miedo o vergüenza introduces la punta de tus dedos bajo el fino borde del tanga que solo tapa tu pubis, buscando algo que no encuentras, donde antes había una mata de vello negro y rizado ahora no hay nada, solo piel suave y lisa, retiras la mano de allí casi como si te hubieses quemado.

De hecho quemaba, has notado mucho calor allí dentro, bajo tu tanga hay un horno que no sabes quien ha podido encender ni cuando, tu confusión es total, no sabes que ha pasado, no sabes dónde estás, no sabes cómo has llegado allí, y no sabes por qué estás tan húmeda.

Sientes mucha sed, y mucho calor, decides incorporarte para ver si ves algo, apoyas tus manos a cada lado de tu cuerpo y notas que se hunden, estas sobre un colchón, el tacto es muy agradable, como a seda, levantas tu cuerpo y te notas muy ligera y tu cabeza también, demasiado, sientes como si hubieras sido drogada, te sientas en la cama y cruzas las piernas pues no quieres poner aún los pies en el suelo, no se ve que hay, ni siquiera sabes si hay suelo. Pero al cruzar las piernas rozas los labios bajo el fino tanga, con la ropa y notas un escalofrío tremendo, ¡dios! esta increíblemente sensible, han debido darte alguna cosa para que esto sea así. Tienes mucha sed, y mucho calor, pero tu calor viene de dentro, tienes un auténtico horno entre tus piernas, algo te está haciendo muy sensible, el roce de la camisa en tus pezones hace que se pongan erectos como nunca los has tenido y duros como piedra, parece que podrían cortar la tela de la camisa, no los ves pero supones que deben de ser escandalosamente notorios a la vista desde fuera.

Te arrodillas sobre la cama, empiezas a sudar, la sed es tremenda sacas la lengua instintivamente como un animal que empieza a notar como se le escapa la vida sin agua, tu propio calor te consume. Repentinamente y sin más, un haz de luz cae desde el techo sobre ti, tu apartas la mirada, tus ojos están hechos a la oscuridad y te duele, miras al suelo y las lágrimas brotan de tus ojos, y notas como algo frío cae sobre tu espalda, una vez, luego otra, luego más.

¡¡Agua!!- gritas- te vuelves y ves como empiezan a caer sobre ti más gotas de agua despacio y de pronto cae sobre ti infinidad de chorros de agua, como en una ducha, te vuelves hacia él, levantas los brazos como una posesa para recibir el agua que te baña por completo, intentas beber, pero es muy difícil, te pasas las manos por la cara intentando recogerla y por el cuerpo, aunque aún notas que el calor viene de dentro. El agua se para y no has conseguido beber nada, te desesperas, tu respiración ansiosa y entrecortada reclama más agua para beber, buscas como un animal y cada roce de tu tanga te hace estremecer, y tu lames tus manos desesperadamente. La luz se apaga.

Poco después ves otra luz que se enciende a unos metros, o eso crees, no distingues bien la distancia, en el suelo, donde muere la luz hay algo, y deseando que tus ojos no te engañen, ves que es una botella de agua. Sin pensar en nada te lanzas a por ella, pisas el suelo y tus piernas flaquean, caes al suelo, avanzas como puedes hacia la luz, y cuando por fin llegas a la botella adelantando la mano para tomarla, una mano que no habías visto entra en el haz de luz y la toma, Ves como la botella unida a esa mano se eleva fuera de tu alcance y se detiene, tu alzas la mano pero no llegas, te levantas e intentas mantenerte en pie. Una voz te exhorta a que te detengas, sin saber que hacer te quedas quietas jadeando, temblando, cuando ves que una figura se adentra a la luz. La observas, es una mujer muy bella, con una bonita figura que no viste nada de ropa y que al igual que tu lleva el pubis rasurado.

Miras hacia la botella, y tu mirada va hacia los ojos de la mujer. Te mira fijamente, y sonríe, crees que al conoces, te resulta familiar, podría ser tu mejor amiga, pero no puedes ver nada con claridad, en ese momento ves como destapa la botella mientras te pregunta si tienes sed. Tú mueves la cabeza contestando afirmativamente, mientras estas de rodillas frente a ella.

-Abre la boca-te dice la mujer mientras adelanta la botella. Haces lo que te dice sin pensar, la abres tímidamente, cegada por la sed que te quema, te quema por dentro, desde la hendidura que entre tus piernas para llevar al infierno.

-Abre más- Te ordena, tú obedeces, y empieza a derramar en tu boca abierta el preciado líquido que tratas de tragar ávidamente.

Es demasiado, empieza a rebosar por la comisura de tus labios y a derramarse por tu barbilla. Notas como el agua fría empieza a caer por tu cuello y a deslizarse hasta tu pecho, te produce grandes escalofríos que te hacen estremecer.

El agua para de caer en tu boca, tu cuello está empapado, y un fino hilo de agua corre entre tus pechos, aun tienes sed.

Empiezas a pasarte los dedos por el cuello desesperada intentado recoger el agua y llevarla a tu boca, lames tus dedos pero poco puedes obtener ya de ahí.

Pasas los dedos entre tus pechos pero no consigues nada más. Miras a la mujer que permanece impasible observándote.

-Quieres más- Dice la mujer, tu vuelves a decir que sí. Se arrodilla frente a ti y la miras fijamente a los ojos, ella levanta la botella por encima de vuestras cabezas, tú instintivamente abres la boca.

-Cierra los ojos por favor-el tono serio de su suave voz no te deja ni siquiera considerar la idea de negarte.

Vuelves a estar ciega, con la boca abierta hacia el cielo esperando, pronto notas el líquido frío que cae en tu boca rompiendo en tus labios y salpicándote, el agua rebosa tus labios abres y cierras la boca rítmicamente, y notas como algo húmedo y caliente comienza a deslizarse por tu cuello, no te importa, presientes que es la lengua de tu fuente.

Sientes un gran placer y empiezas a olvidarte del agua, ya no tragas y todo el agua se desborda por tu cuello, mientras esa lengua invisible se afana en recoger todo ello, recorriendo cada curva bajo tu cabeza, notas como una mano te toma por la cintura y su cuerpo se acerca al tuyo, el calor que sientes ahora cercano hace notorio que hay muy poca distancia entre vosotras.

El agua deja de caer, pero la curiosa lengua sigue su camino y asciende por tu barbilla hasta que llega a tus labios, comienza a recorrer el borde de estos y después a cubrir su superficie, es suave y caliente, blanda como la fruta prohibida que no te atreves a mirar. Entreabres instintivamente los labios y por esa pequeña rendija se cuela el cálido intruso mientras notas como esos labios suaves y húmedos se apoyan sobre los tuyos. No puedes resistir más y abres los ojos ves como unos tremendos y lascivos ojos se clavan en tus pupilas, atravesando tu alma, llegando a tu corazón e inundándolo de lujuria, algo brota entre tus piernas y te sobrecoges, un estremecimiento que te hace arquear la espalda, tu pecho se alza hacia el cielo señalándolos con dos duras lanzas de granito que una vez fueron tus pezones, el simple roce de la camisa te excita profundamente.

Algo detiene tu pecho, y notas que tu compañera de juego se acerca aún más, algo grande y caliente se asienta entre tus piernas e instintivamente lanzas una mano hacia ello, notas la piel suave de la pierna de tu compañera. Acaricias esa pierna con tu mano mientas tomas la nuca de tu amiga al tiempo que esta devora tus labios como si de ello dependiera su vida.

Intentas mantener los ojos abiertos pero te cuesta, cuando lo consigues ves como esos grandes ojos te atan al deseo sin necesidad de cadenas, pues tú no quieres soltarte. Tu lengua corresponde a las caricias como si tuviera vida propia y tus manos toman las piernas que tienes enfrente como si fueran lo único que te mantiene unida al mundo. Son muy suaves las acaricias y aprietas al ritmo que marca tu lengua y su lengua.

Al fin vuestras lenguas se separan y se abre el abismo, tu casi desesperas la miras a los ojos y notas que estas muy mojada, notas como la rodilla empieza rozar tu tanga empapado, mojando la pierna de la mujer, eso le gusta y ves como respira hondo mientras baja sus manos hasta el primer botón de tu camisa. Uno a uno van cayendo las ataduras que encierran tus hermosos pechos y al fin quedan libre esas montañas empapadas de agua coronadas por esas agujas tremendas que cortan el aire debido a la profunda excitación que te han producido las caricias y los besos de la misteriosa mujer.

La mujer vuelve tomar la botella y se la lleva los labios, posa estos en la boca de la botella y ves como su hábil y afilada lengua se introduce en ella, recorre el borde y te provoca. -¿Tienes sed aún?-pregunta la mujer.

Contestas que sí, y te ofrece la botella, levantas las manos. -No!- Dice ella firmemente-Tendrás que ganártela, y no la tomaras de la botella. Crees saber a qué se refiere, la mujer empieza a dejar caer un fino chorro de agua en su boca, hasta que rebosa. Tú te lanzas tímidamente a su cuello y empiezas a absorber el agua que se vierte sobre él. Tu lengua recorre ahora su cuello ansiosamente, y no tardas en ascender a su boca, que abierta ahora contiene es agua como una copa.

Bebes de su boca y sumerges tu lengua en ella en busca de su semejante que encuentra pronto. Tomas el agua de su boca, y acabas dando un profundo beso a la mujer que parece durar una eternidad, demasiado corta para ti.

Ahora ella te toma por la cintura, mientras abre sus piernas y las separa para que quedes de rodillas entre ellas. Se tumba ante ti y empuja tu cintura para que quedes sobre ella. Tu vientre toca su vientre y notas su calor, te excita aún más.

Cuando te comienzas a dejar caer sobre ella, la mujer comienza a verter el resto de agua sobre su pecho, arqueando la espalda para recibir la última marea, tu abres los ojos como platos y te abalanzas sobre ella chupando cada trozo de piel cubierta de agua, lamiendo cada pliegue, recorriendo sus pechos, descubres unos pezones duros también que te resultan muy apetitosos y que lames y sabores, bajas por entre sus pechos siguiendo el camino del agua con tu lengua como guía siguiendo el calor que mana de más abajo.

Encuentras un pequeño oasis en su obligo que tu lengua explora curios y juega dentro de él, notas como la mujer se estremece.

Cuando acabas de secar esa zona con tu lengua, cambiando el agua por el néctar de tu boca, no puedes resistir a explorar más abajo y vas recorriendo con tus labios el camino en busca de otros labios más cálidos que te esperan más abajo. Y al fin entre sus piernas encuentras el paraíso, un valle que rezuma dulce néctar que se mezcla en una cascada de agua. Cuando de repente una nueva luz se enciende.

Miras a un lado e intentas enfocar, ves que sentado en su sofá hay un hombre completamente desnudo que os observa, es un hombre guapo y con un cuerpo musculado que te resulta muy agradable. Su rostro te es conocido, como el de la mujer, pero no adivinas a averiguar quién es, podría ser cualquier persona pero tu mente está nublada como en un sueño y no puedes pensar más, podría ser incluso tu novio, o tu mejor amigo, hasta un hermano, y no lo sabrías, te excita mucho verle desnudo, bajas la mirada y observas que tiene un pene bastante grande y que esta erecto.

Piensas que vuestro juego ha podido provocar tu do esto, y te aprietas contra el cuerpo caliente de tu compañera de juegos, que frota su cuerpo con el tuyo, notas que tu muslo roza su coño y lo pegas a él, la mujer instantáneamente comienza a frotarse con él, no tas un calor que casi te quema la piel, y cómo un fluido ardiente y denso mancha tu piel.

No puedes dejar de mirar al hombre, y ves cómo se lleva una mano a su pene, lo sujeta con fuerza, y desliza su mano hacia atrás, dejando libre una cabeza sonrosada e hinchada, ante la visión de vuestro juego el hombre comienza a masturbarse, ves como ese pedazo de carne hinchado y palpitante, surcado por venas como si fueran las raíces del árbol de la fruta prohibida, aparece y desaparece bajo la fuerte mano del hombre. Esa visión te vuelve loca y sin pensarlo más te hundes entre las piernas de la mujer que te toma con un escalofrío que hace que levante su pecho.

Tus labios rozan ahora otros labios, más grandes y más carnosos, pero tu valiente lengua se dedica a su voluntad a recorrer su contorno, como si marcara su territorio en este monte sin vello. Con tus dedos acaricias esta hendidura entre las piernas de tu nueva diosa, abriendo la puerta del placer. Encuentras su clítoris y lo lames como si una adicción te obligara a ello, pasas la punta de la lengua por él una y otra vez, lo rodeas con tus labios y succionas como si pudieras llevártelo en la boca, notas como la mujer se retuerce de placer, abandona es clítoris y lo tomas con tus dedos, juegas con el mientras tu lengua se hunde dentro de ella, la penetras una y otra vez, mientras frotas su clítoris con tu mano.

Descubres que tu otra mano está acariciando los pechos de ella. Entre gemidos y gritos ahogados de la mujer percibes un orgasmo, cuando su pubis se abalanza contra tu boca lanzado por la mujer con un tremendo golpe de pelvis. Entonces tomas sus nalgas y las levantas haces un último repaso a la vagina de tu compañera hundiendo tu boca y tu lengua dentro de ella.

Dejas a la mujer reposar en el suelo agotada, y vuelves a mirar al hombre, sigue masturbándose con mayor velocidad, ves que gotas de sudor cubren ahora su frente y que vuelve la cabeza hacia atrás muy a menudo. La mujer que yacía en el suelo agotada y vencida por el éxtasis, comienza a avanzar a cuatro patas hacia el hombre. Cuando llega entre sus piernas ves como toma el miembro entre sus manos y se lo introduce en la boca, rodea el glande con sus labios y lo hunde dentro de su boca, hace esto un par de veces y se lo saca para lamerlo como un caramelo, a lo que el hombre responde lanzando su semen con una fuerza sobrehumana, la mujer sonríe viendo como cae a su lado manchando el suelo. Acabado su trabajo vuelve hacia ti y te toma de la mano.

Te lleva hasta la cama y te hace tumbar, abriendo tus piernas, desde esta posición ves al hombre todo el tiempo que parece descansar con el miembro decayendo tras la eyaculación, aun goteando semen. La mujer abre tu camisa, y empieza a lamer tus pechos, la punta de su lengua sube y baja de uno a otro deteniéndose en tus duros pezones que temes lleguen a perforar su lengua en esta situación, los lame y succiona, recorre uno y otro lamiéndolos y humedeciéndolos, y mientras lame uno, pellizca el otro y juega con los dedos. Te da pequeños mordisco en ellos que te hacen estremecer y proferir pequeño gritos ahogados con el reverso de tu mano. Poco después mientras te lame los pezones, su mano baja hacia tus piernas comienza a jugar con tu coño, frotándolo por encima del tanga empapado.

Se retira de tu pecho y mientras te mira fijamente a los ojos baja hasta tomarte por las caderas para deshacerse de tu tanga, que está casi pegado a los labios que cubre, te lo quita y se lo lanza al hombre, el cual ves como lo toma y se lo lleva a la nariz. El olor de tu sexo hace que su flácido miembro vuelva a ponerse erecto de forma brutal, notas como las venas se hinchan y su glande enrojece, el hombre no puede evitar sorprenderse y tomar de nuevo su pene para masturbarse. Ver de nuevo al hombre masturbarse te excita enormemente, la mujer esta ente tus piernas jugando con tu clítoris entre sus dedos, la otra mano de ella se acerca a tu boca y separando tus labios introduce dos dedos dentro que tu lengua recibe jugando con ellos, cuando están muy húmedos los sacan y los hace descender hasta el lugar de donde parieron. Mientras te masajea con maestría el clítoris, abre los labios de tu coño e introduce un dedo despacio, hasta el máximo, empieza a moverlo dentro y fuera poco a poco, lo saca de nuevo, y vuelve otra vez a introducirlo acompañado de otro dedo. Te empieza a penetrar con los dos dedos mientras pellizca tu clítoris y los muerde despacito, tú no sabes que hacer, te agarras a las sabanas y te retuerces, clavas las uñas en ella, sujetas la cabeza de la mujer y la agarras del pelo, empujándola contra tu pubis.

La mujer lame tu coño juega con tu clítoris dentro de su boca, acariciándolo con su lengua, mientras te penetra frenéticamente con dos de sus dedos, ves al hombre mientras te convulsionas y observas que se masturba aceleradamente, y no aguantas más.

Estallas en un tremendo orgasmo que te hace volver los ojos en blanco y arquear la espalda, apretando tu pubis contra la boca de la mujer, un relámpago de placer te atraviesa, tu coño revienta como un volcán en la boca de ella que lo recibe gustosa.

La mujer te suelta y te deja descansar sobre la cama con tu respiración entrecortada y acelerada como la de un caballo.

El sudor recorre ahora tu frente y por un momento vuelves la cabeza y ves como el hombre se masturba con la cabeza volcada hacia atrás, ves lo que se avecina y no te lo quieres perder pero apenas te puedes mover, la mujer, que entiende que quieres al ver como alzas tu mano en dirección al hombre, va en su busca. Lo trae mientras le muestra una cara de sorpresa, con su pene completamente hinchado se acerca a ti, y de pie junto a tu cama, la mujer toma su aparato y lo empieza a masturbar.

Tú te vuelcas hacia él y lo tomas, y con tus labios rodeas ese instrumento, que empiezas a mamar con avidez hasta que el hombre te agarra de la cabeza, dejas de mamar y comienzas a lamerlo de arriba abajo y a masturbarlo con gran celeridad dejas de lamerlo y lo apuntas hacia tu pecho mientras tu mano sigue recorriendo el cuerpo venoso que sostiene y le miras a los ojos. El hombre es talla también y derrama de nuevo su blanca esencia sobre tus pechos que en abundancia resbala y se desliza por tu abdomen, tú te dejas caer exhausta sobre la cama mientras el hombre y la mujer se marchan juntos cogidos de la mano sin decir nada, mientras las luces se apagan y el sueño te invade. Cierras los ojos.

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