Aventura en el club

Aventura en el club - Aventura en el club

Había visto un anuncio en el periódico. “Club Tal. Ambiente liberal. Parejas, solos y solas. Sauna, jacuzzi, turcos. Concursos. Teléfono tal…” ¿Qué mejor que un club “liberal”, privado, para hacer realidad las fantasías? Me decidí a llamar; confirmé los datos y me dirigí al lugar, cerca de mi oficina. Iba sólo y no le conté nada a nadie, pues no quería arriesgarme a los comentarios y juicios de mis compañeras de oficina…

Al llegar, me recibió una de las “empleadas” que se dedican a acompañar a los hombres que, como yo, vamos solos. Ya pueden imaginar la noble profesión de la chica. En fin, vestido con una toalla, recorrí el lugar al lado de esta chica, Mariana, quien me mostró todo lo prometido en el anuncio y algo más, pues me llevó a una sala con colchonetas de gimnasia en el piso y un televisor en el que proyectaban películas porno. A mi pregunta, contestó que estábamos en el “Salón Fantasías”, en donde la gente tenía sexo en público, o en grupo, o en público y en grupo. Al lado había un sauna pequeña, con una amplia vidriera que permitía contemplar lo que pasaba afuera. Nos quitamos las toallas y estábamos desnudos en la sauna, cuando llegó una nueva pareja, conformada por un señor ya mayorcito y una chica que venía con él, es decir, que no trabajaba en el sitio.

Comenzó una animada charla, y el hombre propuso que hiciéramos un cuarteto. Yo me asusté un poco, pues no había tenido experiencia en ese sentido, y además eran unos desconocidos. Pero prevaleció mi espíritu aventurero y me dije “¡Qué carajos! Mañana de pronto me muero y me arrepentiré de no haberlo hecho” Así que tomé la decisión de tomar este rumbo.

Cuando le estaba pagando a Mariana por adelantado, me comentó que el hombre le había propuesto que también acariciara y tuviera sexo con la chica que había venido con él, pues quería iniciarla en las lides lésbicas, y me pidió que la aconsejara, pues ella tampoco había hecho nada similar. Le dije que ella era quien debía decidirlo, pero anhelaba que sucediera, pues tampoco yo había visto, en vivo y en directo, a un par de chicas acariciándose en frente a mis ojos y a mi verga. Lo pensó un rato y se decidió también. Como veréis, era una noche de “nunca-lo-he-hecho-pero-qué-diablos” para todos nosotros.

Tácitamente, decidimos no hacerlo en público, así que entramos en una habitación cerrada. Nada más entrar, el hombre se tumbó en las colchonetas y animaba a las chicas a que se acariciaran… tímidamente, en esa situación de primera vez, se acariciaban los pechos, se chupaban los pezones, mordían sus bocas y tocaban sus vientres, y el hombre y yo nos meneábamos el propio miembro. ¡Joder si es excitante!

Ya roto un poco el hielo, la rubia se acostó, y Mariana sobre ella. Ahí nos animamos los dos hombres, y mientras él le metía dos dedos en el chochito, yo le chupaba una teta y Mariana la otra… parecía todo orquestado para que la rubia fuera la reina de la noche, pues casi todo el placer fue para ella.

El hombre gordo penetraba a su amiga la rubia, y la chica jadeaba como perrita, pero muy suave. Al rato, el gordo me pedía que la penetrara, y yo así lo hice, mientras él se masturbaba ante el espectáculo, pues cuando le clavé de una sola vez mi verga -sin falsas modestias considerablemente más grande y gruesa que la de mi casual compañero (pipí de gordito mayor, al fin de cuentas)- la rubia soltó un aullido que me puso más cachondo de lo que ya estaba!!!! . Al rato, estaba yo dándole a la rubia que estaba en cuatro, montada sobre Mariana que, boca arriba, le chupaba y le estrujaba esas teticas blanditas y medianas, que sin embargo se bamboleaban con fuerza ante mis embates y el gordito metiéndole la verguita en la boca a la rubia, mientras Mariana le lengüeteaba los cojones.

No recuerdo con detalle lo que sucedió de aquí en adelante, salvo que estábamos en una pequeña orgía, en donde las chicas se acariciaban y se besaban y se comían entre ellas, y nosotros nos las comíamos a ellas…

Mariana tenía una cuquita sabrosa, calientica, apretadita, unas tetas pequeñas pero firmes y paraditas, y unos largos pezones oscuros que me excitaban al rozar mi pecho o cuando los chupaba y los mordía suavecito…. ¡ella me mordía las tetillas y me ponía a mil!

Al rato entró otra pareja que quería ver, y se hicieron en un rincón a ver nuestra bacanal privada. ¡Fue también excitante que nos vieran en nuestro foforro!

Llegó el momento de ir por más condones, y la rubia se ofreció a ir… ¡pero volvió lívida! ¡Había visto en uno de los baños a un jefe de ella, del comercio en donde trabajaba como vendedora! Y ahí se acabó la diversión.

Ella decía que tenía que irse, que iba a perder el puesto, que la había mirado como dudando si era ella o no.

En fin, y yo arrecho y cachondo, ¡y no me había podido correr! Las pelotas estaban que me estallaban, y me tocó ponerme un condón y coger la mano de la preocupada rubia para que me hiciera una paja mientras discutía con su gordito acompañante y yo le acariciaba las teticas redonditas y de pezón rosado y además Mariana también iba de salida.

Al final me vine, y fue una corrida de caballo, no como me hubiera gustado, pero por lo menos di un descanso a mis hinchadas huevas. Me dirigí a la avenida en donde tomaría mi transporte a casa, medio bajo de rollo, pero también con la emoción de haberme atrevido a hacer una cosa así.

Y así llegué a la oficina el lunes siguiente. Le conté a mi amiga S., mi muy querida amiga S., a quien le confío muchas cosas. Ella se movía inquieta en su silla mientras le contaba las peripecias de mi aventura, y notaba que se iba poniendo cachonda.

Pero esa es otra historia.

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